Decidiendo no sentirnos mal con nosotras y nosotros mismos

Me gustaría compartir una victoria que tuve en la lucha por no sentirme mal conmigo misma.

Recientemente intenté hacer algo por alguien que marcara una gran diferencia para esa persona, y falló. Estoy orgullosa de haberlo intentado, hacerlo era algo correcto, pero el resultado no fue el que yo en última instancia quería.

Después, surgieron todos los sentimientos negativos sobre mí misma. En el pasado, habría pensado que había algo realmente malo en mi vida. Sin embargo, esta vez comprendí que había perdido temporalmente mi punto de vista y que nada malo estaba sucediendo. En el pasado, cada vez que he perdido mi perspectiva basada en la realidad, he esperado a que pasara el tiempo y yo sintiera que las cosas iban bien de nuevo. Esta vez luché activamente por recuperar mi perspectiva –teniendo sesiones extras, leyendo literatura de Co-Escucha y escuchando las charlas de Tim Jackins.

Estaba escuchando una de las charlas que él dio en nuestro reciente taller para tres regiones, en la que explicaba cómo podíamos oírle decirnos que no debíamos sentirnos mal con nosotros y nosotras mismas, y que podíamos pensar sobre ello; sin embargo, se nos hace difícil decidir de hecho no sentirnos mal sobre nosotros y nosotras mismas y observar lo qué tendríamos que sentir si tomáramos esa decisión. Hasta que escuché la charla por segunda vez nunca entendí realmente la diferencia entre pensar sobre no sentirme mal conmigo misma y decidir no sentirme mal conmigo misma. Siempre había pensado que tenía que entender lo que significaba no sentirme mal conmigo misma antes de que pudiera decidir hacerlo, y ahora veo que eso era debido fundamentalmente a mi clasismo y sexismo internalizado y a las heridas tempranas por ser católica. Me di cuenta de que ya tenía inteligencia y capacidad para tomar la decisión, y que no había nada que yo tuviera que intentar entender antes de hacerlo. (La charla a la que me estoy refiriendo fue publicada también en el Present Time de octubre de 2007, en las páginas 9 a 10).

Después de semana y media, todavía me sentía como con ganas de querer ser dura conmigo misma por haber fracasado en mi intento de conectar con otra persona. Pero como estaba sedienta de nuevas ideas sobre cómo enfocar la situación y como sabía que nunca lograría una idea nueva sobre nada sintiéndome mal conmigo misma, decidí que decidiría no sentirme mal conmigo misma en lugar de solo pensar sobre ello. Estaba en el metro en mi trayecto a casa desde el trabajo, cuando tuve este pensamiento. El viaje a casa tiene unos cuarenta y cinco minutos de distancia y los malos sentimientos sobre mí misma emergían con fuerza. Tuve que tomar la decisión de no sentirme mal conmigo misma cada cuarenta y cinco segundos a dos minutos –¡más de cuarenta veces en el curso de mi viaje de cuarenta y cinco minutos!-.

Cuando enseño a la gente en mis clases de profundización de Co- Escucha acerca de las adicciones, dejo claro que no necesitamos ser duros o duras con nosotros y nosotras si fallamos cuando intentamos eliminarlas y que es nuestro derecho como seres humanos volver a empezar y decidir nuevamente terminar con una adicción tantas veces como sea necesario. Podríamos terminar tomando la decisión y haciendo el esfuerzo de poner fin a una adicción cientos, si no miles, de veces, a la par que desahogamos, antes de que la adicción desaparezca definitivamente. Al final, fui capaz de aplicar la misma línea de pensamiento al hecho de no sentirse mal con una misma, y me gustó ver que podía tomar la decisión más de cuarenta veces, si fuera necesario.

Al comienzo de la siesta tuve que tomar la decisión de que, mientras estuviese allí tumbada intentando descansar, estaba bien que no fuera a conseguir hacer ningún trabajo y que no sería dura conmigo misma.

Pude desahogar fuerte mas tarde, esa misma noche. Después, esa misma tarde, fui capaz de desahogar profundamente. Estuve pensando sobre la niña que yo misma fui y le decía: “No puedo dejarte atrás. Tienes que venir conmigo”. Creo de verdad que este nuevo pensamiento de rescatar a la niña que fui surgió por el hecho de que esa tarde decidí tantas veces no sentirme mal conmigo misma.

Han pasado tres o cuatro semanas desde la experiencia que acabo de describir. Como esperaba, los sentimientos negativos sobre mí misma han aparecido de nuevo, pero las cosas parecen diferentes. Haber sido capaz de decidir una y otra vez no sentirme mal conmigo misma me ha ofrecido una percepción mejor del poder que tengo sobre mi propia mente. Esto me ha ayudado también a pensar sobre como prepararme para la siguiente batalla.

Espero que mi historia sea útil para otra gente.

Janet Vukic
Nueva York, Nueva York,
Estados Unidos
Present Time No. 151, p. 8
Traducido por
Sara Lopategui
País Vasco
Junio del 2008 


Last modified: 2017-05-06 23:35:41-07