Escogiendo la realidad

Procedente de una charla de Tim jackins en un taller abierto cerca de Anchorage, Alaska, EEUU, en Junio de 2007

No hay nada incorrecto en ti. A pesar de todos los ruidos que suenan constantemente en tu cabeza a bajo volumen, no hay nada en ti que sea erróneo. Hay angustias que enfrentar y desahogar, pero tu mente está bien. Y siempre tienes la posibilidad de usar esa mente, no importa qué angustias hayas adquirido. La angustia no la ha dañado. Está ahí completamente intacta y puede ser usada en cualquier momento. Las confusiones de la angustia pueden hacer que olvides eso y te sientas pequeña o pequeño, impotente y sola o solo; pueden evitar que hagas muchas cosas que serías capaz de hacer incluso aunque no hubieras desahogado la angustia.

Tienes elección sobre eso: puedes elegir ignorar tus angustias y hacer la mejor cosa que puedas pensar, en vez de lo que sientes que te apetece hacer o lo que sientes que parece la única opción. Puede parecer que tienes que hacer lo que siempre has hecho, aunque eso no haya funcionado: cometer los mismos errores, quedarte del mismo modo en silencio– lo que sea que ordene el patrón -. Pero resulta que tu mente no tiene porqué obedecer al patrón, aunque sea uno pesado que haya estado ahí toda tu vida desde el primer momento. Cuanto más pesado es el patrón, más nos confunde, y más difícil nos resulta enfrentarlo, pero esto nunca es imposible. Es como las probabilidades: si el patrón ha sido realmente pesado durante toda tu vida, la posibilidad de que ahora puedas enfrentarlo es una frente a noventa y nueve, estoy de acuerdo. Pero hay una. Siempre hay una. Siempre existe una oportunidad de hacer algo diferente esta vez.

Puedes aprovechar la oportunidad e ir contra el modo en que lo sientes – cuán pesado, imposible y solitario lo sientes-. Puedes pensar “Espera, conozco ese sentimiento. Es tremendamente familiar y sospechoso”, (risas) y hacer otra cosa. No tienes porqué obedecer al sentimiento sólo porque aparezca y afecte a tu mente de nuevo.

En realidad, el único poder que tiene una angustia es el de surgir nuevamente, pasar por tu mente y conseguir confundirte lo suficiente de manera que, en lugar de parar y decir, “No, esta vez voy a hacerle frente”, tomes el viejo y más familiar camino y, de nuevo, te escapes corriendo de tal manera que se quede ahí, esperando a la siguiente ocasión en que vuelva a presentarse esa situación. Pero, si aprovechas esa única oportunidad que surge de cada cien, haces algo diferente. No significa que estés funcionando óptimamente, pero estarás haciendo algo distinto. Cada vez que vas en contra de un patrón, sucede algo diferente a la misma rutina de siempre, y eso es bueno, porque se plantea una duda en tu mente acerca de la idea de que no hay elección. Nuestras angustias nos hacen sentir como si no tuviéramos otra opción que actuar del mismo modo de siempre. Siempre hay opciones. Y si aprietas los dientes o te muerdes la lengua, o haces cualquier cosa que te haga girar a la izquierda en lugar de girar siempre a la derecha, esto te hará tomar un poco más de conciencia. Algo cambia.

Ahora bien, sin duda el desahogo ayuda a todo esto. Lo que el desahogo permite es cambiar las probabilidades. Si haces muchas sesiones, entonces la probabilidad de una frente a noventa y nueve pasa a convertirse en una frente a setenta, y luego en una frente a cincuenta. Y, a medida que ésta desciende, puedes ver las posibilidades de que ocurran cosas diferentes. Cada vez que decides ir en contra de tus grabaciones angustiosas, se hace más fácil desahogarlas. Y cada vez que desahogas sobre ello es más fácil ir en su contra. Funciona mejor si usas ambas herramientas en esta lucha contra la angustia: que desahogues tanto como puedas y que no sigas el patrón cuando tengas la oportunidad. Si has estado en Co- Escucha durante un tiempo y has tenido suficientes recursos, habrás visto que las cosas cambian en tu mente, de horroroso e imposible a desagradable e indiferente, y a un “Ah, puedo manejar eso.”

Las historias que se me ocurren son de personas que van a casa de vacaciones y, tan pronto como entran por la puerta, pasan a tener cuatro años de nuevo (risas). Todos los patrones provenientes del pasado, todos los sentimientos de insignificancia e indefensión -nadie tiene que decir nada, ni siquiera hay que darles un saludo cariñoso- brotan, simplemente, en cuanto huelen el hogar. Eso es suficiente para reestimularles. Y tratan de sobrevivir a la semana. Entonces vuelven a hacer sesiones sobre ello y, finalmente, deciden ir y hacer las cosas con la familia de manera diferente. Vuelven y dicen: “No, hagámoslo de este modo”. Y puede que tengan que manejar mucho revuelo y tensión entre el resto de personas, porque están yendo también contra sus patrones. Pero entonces las cosas empiezan a cambiar. Eso es bonito, porque consiguen construir una nueva relación con personas con las que habían estado atascadas hasta entonces.

Ello significa ir contra el modo en que te sientes, y siempre tienes esa posibilidad. Es importante entender eso. Si nunca volvieras a desahogar, lo sentiría, pero esta otra parte es realmente importante: que existe una diferencia entre el modo como se siente algo y cómo es realmente y tú puedes elegir entre ambas opciones. Escoger la realidad siempre lleva a direcciones más interesantes, hacia el tiempo presente, en lugar de constantemente dar vueltas y vueltas alrededor del mismo círculo de siempre –ese en el que te quedaste atascada o atascado hace mucho tiempo.

Esto es fácil de olvidar, pero es una parte muy importante del trabajo que hacemos, puesto que si vamos en contra de las grabaciones, nuestras sesiones van mucho mejor. En lugar de llegar a la sesión y ponernos a llorar sobre cómo nos sentimos víctimas en determinada situación, hemos actuado y hemos cambiado algo. Nuestra perspectiva en la sesión y el modo en que somos capaces de desahogar empieza a cambiar. Es muy importante que podamos hacer algo acerca del mundo y no, simplemente, dejarnos llevar por las angustias del mismo.

Traducción: Sara Lopetegi y Juanma Feito
(País Vasco. Noviembre 2007).


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