No estás sola o solo

De una charla de Tim Jackins en un taller abierto en County Donegal, Irlanda, mayo del 2006.

¿Por qué estás sentada o sentado así, sin tocar a nadie? ¿Por qué estás haciendo esto de nuevo? Eso es aislamiento crónico. Se nos viene encima muy pronto en nuestras vidas y nos hace creer que estamos solas y solos. No lo estamos. Sencillamente, no estás solo o sola ya. Esas grabaciones te latirán o dolerán hasta que las desahogues, pero ya no estás solo o sola. Más de lo que te das cuenta, tienes las relaciones que siempre deseaste. Tienes a gente a la que puedes recurrir, con la que puedes compartir lo que piensas, que te miran y quieren conocerte. Habrá más, muchas más, y esas relaciones cada vez serán mejores, pero esa batalla de estar sola o solo ya terminó. No lo estás ya y debes dejar de actuar como si lo estuvieras, porque cuanto más te comportas como si lo estuvieses, más estás sucumbiendo a la restimulación y más mantienes a las y los demás lejos de ti.

Todas y todos tenemos grabaciones de querer esperar hasta que alguien se acerque a nosotras y nosotros. Podemos parecer niños y niñas de dos años, porque es de entonces de donde procede esta angustia. La gente debería habérsenos acercado y tomado. No podíamos ir tras ellas y ellos entonces. Deberían haber venido, pero nadie estaba en condiciones de hacerlo. Siento que pasara, pero ahora es distinto. Ahora puedes ir tras la gente. Puedes darles la bienvenida, comunicarte con ellos y ellas, a pesar de sentirte con miedo y de no estar seguro o segura de que ellas y ellos te quieran también. Tú puedes hacer esto.

El mundo está lleno de personas que esperan que otra persona se mueva. Por extraño que parezca, las cosas no avanzan muy rápidamente si todo el mundo espera de esa manera. En cualquier grupo, si aparece alguien que no tenga de manera tan fuerte ese patrón y esta persona se acerca a la gente, la dinámica cambia. La gente se maravilla ante esta gran habilidad. Tú puedes hacerlo. Lo puedes hacer de manera fácil y rápida y podrás observar cómo cambian las caras, incluso cuando haces un pequeño intento por mirar de manera directa y ser amistosa/o.

Pocas cosas le recuerdan a la gente que hay otras personas en el mundo de la manera en que lo hace el contacto físico. Nos llega una enorme cantidad de información aparte de la que nos llega a través de nuestros ojos y oídos. Al hacernos personas adultas, contamos más y más con nuestros ojos y oídos. Nos sentamos lejos y observamos y escuchamos. No nos movemos y acercamos y tocamos. No nos apoyamos en otra persona. No nos recostamos en otra persona y notamos así que hay un cuerpo humano ahí y todos los modos en que ese cuerpo responde a nuestro cuerpo.

Estas cosas son maravillosas, en especial, porque nos recuerdan de la mente que está controlando ese cuerpo y sus respuestas. Al estar cerca de una persona, ella se mantiene siguiendo nuestra pista. Necesitamos este contacto de manera continúa. Necesitamos ir contra todas las grabaciones de separación, aislamiento, de sentirnos no queridos/as o no tenidas/os en cuenta. Es cierto que tuvimos largos períodos de tiempo en que así fue. Aún tendremos momentos en los que nadie parecerá lo suficientemente claro/a como para tenernos en cuenta, pero sí que sabemos que eso es una confusión. De hecho, cualquier mente estaría encantada de ser consciente con y de pensar en nosotras y nosotros, si pudiese superar sus propias luchas y establecer sus propias perspectivas con claridad.

Este grupo lo ha hecho bien. Ha desafiado estas angustias. Aun no las hemos conquistado, pero las hemos desafiado lo suficiente como para saber hacer algo mejor que creer todos esos sentimientos. Así que cuando veamos a alguna persona sentada sola y sin demasiado entusiasmo, necesitamos echarnos encima, en su regazo, y decirle: "Oh! Perdona. Creía que eras otra persona". Encuentra algún pretexto. No tienes porqué tener uno bueno; solo algo que se le parezca. Podemos achacárnoslo a nosotros y nosotras: "Lo siento, me sentía tan aislada y solo que tenía que venir a hacer esto". Adquiérelo como tuyo propio. Así es difícil que se te discuta. ¿Qué va a decir esa persona: "No, no lo estabas"? Puedes eliminar la posibilidad de que se te discuta sobre ello. "Lo necesito para mí. ¿Me ayudarías, por favor?" A la gente le encantaría y les ayudaría a ellos y ellas, pero no pueden descubrir cómo moverse primero.

Necesitamos aprender a hacer esto. Nunca tuvimos la ocasión antes. Esa puerta se nos cerró desde muy pronto en nuestras vidas -no era aceptable o posible. Pero es posible ahora.

Traducido por Emilen Castro Oteo. País Vasco, 2006.
Present Time 145, p. 13


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