Los usos y limitaciones del dar seguridad[1]

De una charla de Tim Jackins en el Taller de líderes de la costa este de Estados Unidos, en Warwick, New York, en Diciembre del 2005

En tu primera clase inicial de Co-Escucha, se te dice que como escucha debes ser un apoyo que proporcione contradicciones a las angustias de tu participante. Si no se te ocurre ninguna contradicción, deberás darle un giro de 180 grados al mensaje angustioso, lo que será una suficientemente buena primera aproximación a lo que es una contradicción. Probablemente funcionará, porque es probable que tus participantes nunca hayan intentado enfrentarse a su material[2] antes.

Intentas proporcionar seguridad de alguna manera. Quizás con una gran frase llena de alabanzas o una pequeña que intentas colar bajo sus defensas. Estos esfuerzos resultan ser asombrosamente útiles. Tus participantes lloran y lloran con la primera palabra de tu intento de consuelo. No entienden cómo supiste hacerlo. ¡Dijiste exactamente lo que desearon que sus madres hubieran dicho hace 50 años! ¿Cómo lo supiste?

Es muy útil, pero en algún momento deja de ser tan efectivo. Aun así, sigues intentando ser de tranquilizador. Funcionó la primera vez -lloraron. Así que lo haces otra vez y sus ojos se llenan de lágrimas. Y lo haces aún una vez más, y te miran sin comprender. No funciona- no porque no hayas visto aquello con lo que está luchando, sino porque estás intentando hacer algo por ellos y ellas, algo de lo que necesitan responsabilizarse ellos y ellas. Y también están intentando que tú lo hagas por ellos. Como participantes, seguimos esperando que alguien nos proporcione la contradicción a nuestro material que nos permita desahogar sin gran esfuerzo. Porque ya lo hemos intentado tanto y nos parece que no ha funcionado, estamos esperando los esfuerzos de otra persona para ayudarnos a avanzar.

Tranquilizar o consolar puede funcionar de manera extraña en una sociedad en la que el desahogo se ha suprimido. Cuando consuelas/tranquilizas a  alguien, puede terminar usándolo para calmarse y sentirse cómodo/a, en vez de contradecir su material y desahogar. Pueden poner esa tranquilidad o consuelo sobre la angustia, para así taparla y no verla; lo pueden usar para distanciarse de la influencia del material. Esto puede ser útil, en especial si tienen una oportunidad para desahogar, pero su eficacia es limitada.

La seguridad puede usarse como arma para ir tras nuestras angustias y desahogarlas. Sin embargo, no podemos simplemente sentarnos y escucharlo y esperar que ello haga el trabajo. Es posible tranquilizarse o sentir seguridad - ya que alguien ha visto nuestra lucha y hablado contra ella- y desahogar, y entonces, cuando las lágrimas dejan ya de salir de nuestros ojos, tomar la iniciativa y usar lo que nuestros y nuestras escuchas nos han proporcionado para ir en busca del lugar donde apenas podemos sentirlo. “¿Te gusto? Dijiste que te gustaba y no lo puedo sentir. Ésa no puede ser tu limitación como mi escucha. Quizá tenga alguna angustia contra la que necesito luchar, con el fin de darme cuenta por completo de tu buena intención.”

Tendemos a infravalorar a nuestros y nuestras escuchas. En alguna ocasión esto me ha atrapado. Miro, la escucha está haciendo lo mejor que puede para estar de mi parte, está deseándome todo lo mejor que puede imaginar y diciéndome las mejores ideas que se le ocurren… y ¿a qué presto atención? A las angustias que se muestran en su cara. No al hecho de que están intentando, encontra de todo lo que les ha pasado, que yo avance -que estánponiendo todo lo tienen a mi disposición. Confundido por mis angustias yesperando la perfección, ignoro eso. Miro a la lucha que estánllevando, en vez de tomar lo que me están ofreciendo para batallar contra mis angustias, que es lo que están intentando y lo que yo intentaba hacer. Metido en la confusión de mis angustias, simplemente olvido hacer eso. Si no suena puro y perfecto y se parece exactamente a lo que yo necesito, no puedo recordar tomarlo en cuenta e ir a por mi material. No puedo recordar usar el consuelo o alivio.

Esto es lo que tenemos que desafiar a la gente a hacer. Por ejemplo, hay una lucha concreta que J- está llevando. La ha frenado repetidamente a lo largo de su vida hasta el punto que asusta a todo el mundo, y las personas asustadas no son el mejor recurso. Intento entenderla a través de esa angustia, pero ella no puede ver que lo hago. Así que le digo que en esa lucha de hace tanto tiempo, me tiene que decir donde está. Tiene que reclamarme a voz en grito y no esperar pasivamente a que yo la encuentre.

Tengo que tomar lo que mi escucha dice y volver a mirar a mi material con eso. Tengo que atacar mi material. Alguien dijo que yo le gustaba y no lo puedo sentir. No es su defecto –es este material. ¿Por qué estoy dejando la batalla cuando la angustia no se disuelve de inmediato? Puedo tomar el esfuerzo que esa persona hizo de mi parte y buscar modos de ir tras mi angustia.

Como participantes, tenemos un papel vital que jugar en la lucha contra nuestras angustias -un rol que nadie más puede jugar. No podemos dejarla batalla en las manos de nuestras y nuestros escuchas. Tenemos que decidir lucharpor nosotras y nosotros, aunque parezca que alguien más deberí­a hacerlo.

Nos dañaron en un tiempo (temprano) en el cual otra gente debería haber hecho cosas por nosotros y nosotras. Deberí­an haber hecho todo tipo de cosas y no estaban en condiciones de hacerlas, así que ahora tenemos grabaciones que dicen  que alguien deberí­a hacer estas cosas por nosotras y nosotros. Nos confundimos y esperamos que esto pase, y dejamos de luchar por nosotros y nosotras tan duro como sabemos hacerlo.

Cada cual va a tener que luchar por su vida -aunque nos avergoncemos de esto, aunque pensemos que no podemos ganar. Vamos a tener que hacerlo todaví­a. Nadie más puede luchar esta batalla. Habrá apoyo de afuera y gente que se alzará con nosotras y nosotros cada vez mejor, pero todaví­a tendremos que luchar. Tenemos que tomar lo que se nos ofrece del exterior y usarlo contra nuestro material. Tenemos que decidir liderar la batalla. Sin la decisión de luchar por nosotros y nosotras, no podemos llegar al lugar que queremos.

No podemos esperar a mejores condiciones. No podemos esperar a que alguien lo haga por nosotras y nosotros. ¿Habrá mejores condiciones en el futuro? Si. ¿Queremos esperar? En esto no hay una lógica muy sólida. Tenemos que comenzar la batalla ahora y ver lo que podemos hacer. Siempre es inmenso lo que podemos hacer. Habrá más recursos en el futuro, estará más claro todo, avanzaremos más rápido, pero nos avanzaremos aún más rápido si hemos hecho algo del trabajo antes de que pase.

Quiero que penséis en oír de verdad lo que nuestros y nuestras escuchas están ofreciendo y en tomarlo como un arma en nuestras manos. Tus escuchas te están dando algopara usar en la batalla. No van a pelear tu batalla por ti. No pueden -está en tumente, no en las suyas. A menos que tomes la iniciativa, seguirásconfusa o confuso. Parecerá que no puedes tomar la iniciativa y mandar la angustia a paseo-y sí puedes.

Como escuchas,  quiero que  proporcionéis una dosis de seguridad más fuerte que aquélla con la cual os sintáis cómodas y cómodos. Luego quiero que insistáis en que vuestros y vuestras participantes la usen -no para que se regodeen en ella, ni para disfrutarla, ni refugiarse en ella para siempre, sino para usarla para luchar en contra desus angustias. Cuando la y el participante entiende esta idea, escuchas uncambio en su tono -del sufrimiento y la espera al enfado. Seconvierte en algo vivo. Deja de actuar como una desconsolada ví­ctima que espera que alguien lo/la salve.

No necesitamos que nadie nos salve ya. Tampoco lo necesitamos entonces, porque de lo contrario no estaríamos aquí. Debería haber sido mejor de lo que fue, pero fue lo suficientemente bueno como para que llegáramos hasta aquí. Y es cierto que no necesitamos que nadie nos salve ahora. Lo que necesitamos ahora es gente aliada que nos ayude a ver la batalla con la claridad suficiente como para que podamos seguir luchando. Cuanto más gente aliada consigamos, mejor.

Tenemos mucha gente aliada. Tan solo en esta habitación tenemos más que suficiente, eso sin mencionar al resto que se encuentran en nuestras comunidades locales y en varias partes del mundo. No es ahí donde hay escasez; no es ahí donde se nos frena el avance. Las que nos frenan son nuestras confusiones acerca de cómo usar el recurso de luchar por nosotras y nosotros y avanzar.

También estamos asustadas y asustados como escuchas. Nos asusta que la sesión no vaya a funcionar y nos asusta ver de una sola vez una gran parte del material de nuestra o nuestro participante.Tenemos sentimientos ambivalentes acerca de cada una de las dos alternativas.Queremos una amable sesión llena de lágrimas. Queremos que la sesión progrese, pero nos preocupamos si se vuelve demasiado pesado o comienza a parecer poco amistosa. Como mejor escucha realizamos es cuando nuestras y nuestros queridos participantes nos quieren y necesitan de manera desesperada. Entonces, podemos recordar intentar casi todo. Si hacen algún progreso decisivo y no nos parecen de tal manera, es un poco más difícil mantenerse pensando. Es un poco más difícil intervenir y ser todo el recurso que tenemos la intención de ser y podemos ser. Si tranquilizamos a nuestras y nuestros participantes con la intención de obtener un resultado cómodo, en lugar de desafiarles a enfrentar y desahogar material con el que se sienten incómodas e incómodos (y con el cual también nosotros y nosotras sentimos incomodidad al escucharlo) –material que requiere que luchen y se enfaden y no toleren lo que han tenido que aguantar toda su vida-, entonces eso les puede distraer de enfrentar esa batalla.

El punto en el que nos asusta luchar por nosotras y nosotros es justo lo que nos impide ser un gran recurso para otra persona que está intentando hacerlo. Es ahí donde tenemos que luchar para imaginar cómo puede co-escucha avanzar para cada uno y una, de manera individual, y para todos, de manera colectiva. Creo que es ése el desafío. ¿En qué momento observas que tus palabras tranquilizadoras han dejado ya de proveer contradicción?

Muchas veces no suelo ser muy tranquilizador. Intento que mi existencia y mi funcionamiento y aquello que hago en relación con la gente provean esa seguridad o tranquilidad, pero no ofrezco mucha tranquilidad verbal aparte de todo ello. En parte hemos aprendido a dar esa tranquilidad para superar el estar en silencio, separados/as, y sin comunicarnos. Es importante, pero también necesitamos pensar de modo más completo sobre ello. Es lo que intento hacer.

Como escuchas, no podemos permanecer sentados, hablando, y esperar que nuestras y nuestros participantes hagan todo. Debemos desafiarles a que luchen contra sus angustias –a que luchen en contra del modo en que las dibujan en sus mentes y luego a que luchen contra ellas fuera, con nosotros y nosotras. No podemos simplemente decir “Sí, estoy de tu lado” y pensar que eso funcionará una y otra vez, siempre. Debemos desafiar a nuestras y nuestros participantes a luchen más duramente, en lugar de intentar ser tan tranquilizadores como ellos y ellas puedan desearnos ser.

La necesidad de consuelo ha podido quedar congelada en una grabación de angustia y quizá terminamos intentando satisfacer una necesidad congelada, en lugar de proveer contradicción o una mejor imagen de la realidad. Quizá parezcamos un calmante o bálsamo que suaviza el sentimiento de la angustia, en vez de desafiar a nuestros y nuestras participantes a luchar contra ella y liberarse de la misma. Quizá estemos intentando cuidar a nuestras y nuestros participantes, calmarles tal y como desearon cuando la angustia pasó, Sin embargo, con muchas angustias no podemos hacer esto de manera que funcione una vez que llegamos a un punto. Hay un momento en el que necesitamos desafiar a la gente a luchar por sí misma contra la angustia, a pesar de que se sienta enfadada con nosotras y nosotros por no hacerlo por ellas y ellos. Está bien si sienten rabia. Es parte de la grabación. Es parte de cómo fue para ellos y ellas cuando el daño ocurrió. Necesitan una oportunidad de mostrarlo sin que nadie intervenga en el asunto intentando calmarles para que dejen de sentirlo. Nos volvemos suaves y calmantes, en vez de proveer la firmeza que nuestras y nuestros participantes necesitan para hacerse cada vez más fuertes en contra de la angustia.

Traducción: Oscar Argumosa, Sonia Niño y Emilen Castro (Cantabria y País Vasco). Junio 2.006


[1] Reassurance es un concepto que significa “dar seguridad”, “hacer que desaparezcan los miedos de alguien”, “tranquilizar”.
[2] Material significa angustia


Last modified: 2017-05-06 23:35:41-07