Puntos de vista y relaciones

Tim Jackins

A menudo podemos perder la perspectiva en las relaciones, incluso en las relaciones entre líderes. (Estoy empezando a entender cuánto trabajo nos queda por hacer en esta área). Aquí tenéis una persona con quien hemos hecho todo este trabajo durante décadas y sentimos que no podemos soportarla. No queremos estar en la misma habitación con ella. El mero tono de su voz nos basta para “saber” que es tonta y mala, que está equivocada y que no es consciente de nosotras y nosotros en particular. Sucede. Cuando no existen suficientes oportunidades ni perspectiva para desahogar sobre esos sentimientos, permanecen en su sitio.

Algo comienza como un pequeño rasguño, entonces degenera y se encona, hasta llegar a estar al rojo vivo y hacerse muy complicado. Esto es confuso para la gente, pero no tiene porqué ser así. Puede que sean inevitables algunos de los sentimientos, pero no el creer en esos sentimientos. No nos deben confundir.

Cuando comenzamos en Co-Escucha, la simple presencia de otra persona es tan esperanzadora, que podemos trabajar sobre muchas cosas solamente con que alguien esté con nosotros en la habitación. Las primeras oportunidades que tenemos nos pueden llenar de esperanza y osadía, pero es posible que salgamos de tales experiencias colgándonos mutuamente esperanzas congeladas. (Se parece un poco a lo que ocurre con los problemas acerca de “las páginas azules[1]”, pero sin todos los sentimientos de excitación. Todas las desilusiones y ninguna de las emociones).

¿Qué ocurre en las relaciones cuando tenemos esperanza en otra persona y no pensamos con el suficiente cuidado acerca de ello, porque parte de nuestra esperanza es congelada? Cuando, en especial siendo niñas y niños, algo nos dolía o nos hacían daño, a menudo buscábamos desesperadamente a alguien que nos salvara, que viniera a ayudarnos. Cuando somos niñas y niños, realmente necesitamos muchas cosas: hay cosas que todavía no podemos hacer. Eso ya no es así ahora, pero lo podemos sentir como si lo fuera –como si necesitáramos desesperadamente que alguien viniera a ayudarnos— y podemos colgarnos mutuamente esas esperanzas congeladas y esperar que la otra persona adivine qué es lo que necesitamos. (¿Nos darán esas personas algo que se abrirá camino por entre nuestro aislamiento o nuestro sentirnos mal con nosotros y nosotras ─algo que hará que el mundo sea de nuevo seguro, lo suficientemente seguro para nosotros y nosotras como para que sigamos adelante?) A veces nuestros y nuestras co-escuchas son inteligentes y lo descubren por sí mismos y otras veces tienen suerte y dan con ello; pero muchas veces se les hace difícil darse cuenta, debido a que estamos allí sentados y sentadas, esperando, sintiendo cada vez más decepción hacia ellas y ellos, pero sin haberles nunca ayudado a entender cuál es la esperanza congelada. A veces ni nosotras o nosotros entendemos cuál es.

Puede que se lo hayamos colgado a todas las personas en quien tuvimos alguna esperanza, sin haber comprendido nunca de dónde venía, pero creyéndolo como si aún tuviéramos dos años, y estuviésemos sin defensa y en extrema necesidad. No estamos lo que se dice en urgente necesidad. Podemos sentirnos aún así. En ocasiones, puede que nos sintamos realmente desesperados—como cuando la angustia nos despierta en mitad de la noche y no podemos recordar dónde estamos ni qué estamos haciendo. Pero aunque el material[2] está todavía ahí, sin desahogar, la realidad de la necesidad desapareció hace mucho tiempo. No necesitamos las mismas cosas ahora que entonces, aunque todavía sintamos la necesidad de ellas.A no ser que reconozcamos eso, una gran parte de nuestras expectativas hacia otras personas pueden venir de aquello que por desgracia no tuvimos en nuestra infancia, y tendemos a hacer toda clase de juicios equivocados acerca de la gente. Esperamos que se den cuenta de las cosas y se muevan, y nos olvidamos de que no les necesitamos para hacer eso. Olvidamos que ahora somos perfectamente capaces de crear las condiciones para contradecir nuestros daños. Esto no significa hacerlo solos y solas, sino mirar al hecho de que somos nosotros y nosotras quienes conocemos todo lo que ocurrió. Somos la persona que tiene que pelear la batalla y también quien puede exponer la suficiente información de manera que alguien pueda ayudarnos a crear una de las condiciones necesarias.

En realidad, la iniciativa siempre puede ser nuestra. Es algo maravilloso cuando alguien toma la iniciativa a favor nuestro, cuando un recurso adicional llega a nuestra disposición, pero pensar que no podemos hacer nada hasta que eso suceda es creernos ese conjunto de angustias.

Tenemos toda clase de problemas entre nosotros y nosotras. La mayoría no los admitimos hasta que ya no podemos ocultarlos por más tiempo. No solemos tener sesiones acerca de nuestras co-escuchas. No parece que sea necesario. Esperamos a que suceda una crisis. Pero las angustias se enredan en nuestras relaciones, quien quiera que seamos, y sería bueno que desahogáramos algo acerca de las heridas tempranas que están debajo. Tenemos dificultades a causa de las angustias concretas de nuestras familias,a causa del racismo y sexismo—por todo. Pero mientras los problemas sean pequeños, no les prestamos atención; y eso nos predispone a tener más tarde problemas mayores,  sobre los que no sabemos cómo trabajar.

Cualquier cosa que nos hace sentirnos impotentes dentro de una relación tiene que ver con angustia. Esto no significa que podamos arreglarlo inmediatamente, ya que tenemos trabajo por hacer, pero siempre hay cosas que podemos hacer para que ello no nos confunda. No tenemos que tener relaciones cercanas, íntimas y encantadoras con todo el mundo. Pero queremos tener esa posibilidad con todo el mundo—de manera que sea solamente la oportunidad, y no la angustia, la que determine si tenemos que tener o no esos tipos de relaciones. No queremos conformarnos a estar molestos o incómodas con alguien.

Pienso que sería interesante si imagináramos una forma de hacer sesiones cortas acerca de todas las personas de nuestra Comunidad—solo para mirar qué cosas raras hay ahí, sólo para iluminar el patio de juego de manera que podamos ver los pequeños bultos y zanjas aquí y allá. Podríamos trabajar en esas cosas y entenderlas, antes de que nos colguemos mutuamente todas nuestras esperanzas congeladas de maneras que no puedan ser satisfechas. Siempre que entendamos lo que estamos haciendo, está bien colgar nuestras esperanzas y sueños sobre otras personas, de forma abierta y pública. Es fácil trabajar sobre ellas en el caso de que las colguemos sobre personas con ese propósito. Sin embargo, nunca funciona en ninguna relación colgarlas sobre alguien y luego esperar de él o ella que se haga cargo de las mismas.

Esto es importante para las relaciones en Co-Escucha, pero en realidad estoy hablando acerca de todas las relaciones—todas las relaciones laborales, todas las sociales, todas las románticas. Tenemos el mismo lío en todos estos lugares diferentes. Es igual de importante que echemos un buen vistazo a estas relaciones también.

Creo que ésta es una de las cosas que hace que el crecimiento de las Comunidades de RC (Co-Escucha) sea tan confuso. Tenemos estas buenas ideas, que son suficientes para mantener a la gente durante un tiempo; pero cuando mejor funcionan es cuando tenemos relaciones en las cuales podemos ponerlas totalmente en práctica.

Va a ser importante que echemos un vistazo a las relaciones que abandonamos, a aquéllas con las que nos rendimos. Tirar la toalla en lo que se refiere a resolver cosas juntas está conectado con otras relaciones que fracasaron y sobre las que no tuvimos oportunidad de llorar. Nos sentimos cansados y cansadas si pensamos en intentarlo de nuevo, en ir tras ellas nuevamente. Solo pensar en ello ya es demasiado. Por supuesto que este desánimo proviene de tiempos tempranos cuando lo intentamos lo mejor que sabíamos hacerlo y la otra persona no pudo moverse. Ahora no es de esa manera. Sabemos más ahora. Y dentro de la Comunidad de RC la gente con la que contactamos sabe más. Tienen al menos un acuerdo teórico de ir tras de ti, e intentarán hacerlo —aunque puede que no sean capaces de poner esto en práctica entonces.

Cuando hablo de perseguir estas relaciones, no pienso que todas estarán establecidas esta semana o este mes, o que necesitamos fingir que lo estén o que ya no hay confusión. Hay confusión porque necesitamos desahogar—a veces mucho. Con algunas  relaciones nos sentimos realmente confusos y confusas y eso está bien. Está bien que tengamos luchas, pero no que éstas nos derroten. Ya no necesitamos que nada nos derrote.                                                             

Existen probablemente formas de permitir que las y los demás sepan que tenemos dificultades para pensar en ellas y ellos. Esto no tiene nada que ver con culparnos a nosotros y nosotras o a las demás personas. Tiene que ver con la angustia, probablemente de ambas personas. Está bien admitir que hay una lucha. Lo que me viene a la mente es simplemente admitir: “Me confundo sobre ti; descubriré porqué y hacer ese trabajo y desahogo me ayudará; no obstante, ahora estoy confundido contigo. Por favor, no dejes que ello te confunda. No es real, pero está ahí hasta que yo pueda aclararlo.” Así, no intentamos actuar como si no hubiera ninguna dificultad. Descubrimos y comprendemos lo que podemos hacer juntos y lo que todavía no podemos.

Si tuviéramos una interacción con alguien y nos diéramos cuenta de que no fue racional, ¿qué nos pasaría por la mente? No tenemos porqué sentirnos mal con nosotros y nosotras por ello. Me parece que algo más cercano a la realidad sería la curiosidad. ¿Por qué hice eso? ¿Con qué tenía que ver? Es una pregunta interesante. Tiene que ver con la realidad del asunto. No es culpa nuestra haber sido dañada y confundida y por supuesto que no es culpa nuestra ni de nadie que otra persona nos reestimule accidentalmente esa confusión. Por lo tanto, creo que la cuestión es: “¿De dónde vino todo eso y qué necesitaré hacer para cambiarlo?” Podemos mirar la situación desde fuera, en lugar de sentirla de manera personal.  

Traducción: Juan Manuel Feito y Emilen Castro Oteo. País Vasco. 2005


[1] Las “Páginas azules” quieren decir no socializar y se refieren a la política de no socialización de Co-Escucha, la cual establece que las y los co-escuchas no deben crear otro tipo de relación distinta a la de Co-Escucha con otra u otro co-escucha o con personas que conozcan en una actividad de Co-Escucha.
[2] Material significa angustia o daño.


Last modified: 2017-05-06 23:35:41-07