Heridas, sentirse mal, angustias crónicas

De una charla de Tim Jackins en un taller de Co-Escucha en Varsovia, Polonia - noviembre, 2003.

Una vez que sufrimos cualquier tipo de daño, es más fácil ser herido de nuevo. Si, siendo niñas o niños, nos asusta un gran perro, tendremos miedo la segunda vez que veamos un gran perro, y nos asustaremos de manera más fácil después de ésta.  Los modos en que se nos dañó en nuestra niñez pueden establecer la manera en la cual somos heridos durante toda la vida. Si nos dejaban solos de pequeños-as, tenemos sentimientos de soledad.  Muchos y muchas nos sentimos solos durante toda la vida, pero no es por falta de gente alrededor. Podemos estar en medio de un grupo y sentirnos solas o solos.  Ahora no lo estamos, pero nos sentimos solos a causa del viejo daño. Entonces, cuando trabajamos sobre nuestras angustias, a pesar de que sentimos como que esos daños están ocurriendo en el presente, son en su mayor parte de hace mucho tiempo.

Como participantes, funciona mejor intentar recordar la primera vez que nos sentimos de una cierta manera. No es suficiente desahogar sobre el incidente más reciente en que nos sentimos de ese modo.  Tenemos que regresar al pasado y trabajar con las raíces de los sentimientos. Si tenemos la oportunidad de trabajar con esos primeros incidentes, podemos eliminar las angustias por completo.  Trabajamos sobre lo que nos acaba de pasar y, entonces, vamos hacia atrás, intentando recordar otras veces en que nos pasó algo parecido. Con frecuencia, descubrimos toda una seria de incidentes en que fuimos dañados de esa manera y nos damos cuenta de que la angustia ha construido un patrón.  Por ejemplo, muchas de las maneras en que nos sentimos cuando estamos enfermos-as son restimulaciones de enfermedades anteriores.  Son sentimientos antiguos que vienen de las grabaciones.  La mayoría de las veces que enfermamos tenemos los mismos síntomas: nos duele la garganta o la cabeza de la misma manera.  Todos los síntomas físicos que tuvimos cuando enfermamos están almacenados, junto con la angustia emocional, como grabaciones de angustia en nuestra mente, por lo que podemos restimular esos síntomas.

Algunos y algunas enfermamos cada vez que vamos de visita a casa de nuestros padres.  Es probable que no estemos enfermos-as de verdad, sino simplemente que estemos recordando los sentimientos de una enfermedad anterior. Tal vez vomitemos o tengamos fiebre, aunque no haya ninguna enfermedad. Los síntomas son restimulados al ir a casa. Una vez en una de mis clases tuve una persona que había tenido tuberculosis de niña. La fiebre alta acompaña la tuberculosis. Ella empezó a hablar sobre eso en una sesión e inmediatamente tuvo una fiebre alta – con lo que asustó mucho a su co-escucha. Sudaba y sudaba.  Su co-escucha estaba segura de que aquella persona moriría en esa sesión.  Sin embargo, las dos sacaron su atención fuera de la angustia y cinco minutos más tarde ya no tenía fiebre.  En cierto modo, fue divertido. No le hizo daño y le dio la imagen de lo que se puede almacenar dentro de una grabación de angustia.  Necesitamos trabajar sobre estas grabaciones de angustia física y de dolor.

Cuando enfermamos, necesitamos a alguien que nos dé atención y que esté cercano.  Esto no ocurrió a la mayoría de nosotros y nosotras. Todas y todos enfermamos durante la infancia y por lo regular nadie nos dio mucha atención. En mi familia, me decían que me quedara en la cama.  Yo me quedaba solo hasta que mejoraba, y tal vez alguien me traía una taza de té o pan tostado.  Pero nadie se quedaba y prestaba atención a lo mal que yo me sentía. 

La próxima vez que te sientas mal, no te calles y te quedes solo/a.  Ten una sesión de Co-escucha.  Haz que alguien se quede cerca de ti. Dile a él o ella cómo te sientes y trata de contarle acerca de la primera vez en que te sentiste de esa manera.  Quienes desahogan estas angustias, suelen “enfermar” con menos frecuencia, porque no son restimulados tan fácilmente a sentirse así.  Puedes ver niños y niñas que se muestran muy enfadados-as y cinco minutos después ya no puedes decir que lo estuvieran. Son capaces de poner su atención fuera de la angustia y seguir adelante con la vida. Cuanta más angustia acumulamos (que, por lo regular, significa cuanto más viejos-as nos hacemos), más tiempo permanecemos tristes después de una experiencia angustiosa. (Ya sabes cómo puedes quedarte desconsolado/a durante días.  Todo lo necesario es que alguien a quien quieras se enfade contigo, lo que puede hacerte sentir infeliz por una semana ─ porque hay tanta angustia no desahogada que restimular).  Sin embargo, este tipo de patrones se llaman “intermitentes” – al de un tiempo de ser restimulados, dejamos de sentir los sentimientos.  Si un daño ocurre con demasiada frecuencia, el patrón se convierte en lo que nombramos “crónico”. Nos sentimos de esa manera siempre. Piensa en cómo te sientes todo el tiempo.  La mayoría nos sentimos mal con nosotros mismos y sin esperanza acerca de que mejore la situación. Terminamos intentando sobrevivir.

Las angustias crónicas son ésas con las cuales nos despertamos cada mañana. Sabes qué mal te sientes a la mañana – cómo odias verte en el espejo.  Ves esa cara y tratas de cambiarla para que no parezca tan mal, para que nadie más sepa lo mal que te sientes. Ésos son sentimientos crónicos.  Es más difícil trabajar sobre los sentimientos crónicos porque los creemos. Antes de que la angustia se haga crónica, cuando todavía está intermitente, sabemos que la angustia no tiene que estar presente todo el tiempo. Tal vez no sepamos evitar sentirla, pero esperamos, o suplicamos, que no tengamos que sentirla. Una vez que la angustia es crónica, nos rendimos a ella; tratamos de imaginar cómo vivir con ella.  ¿Cómo puedo vivir sintiéndome tan mal?  Por lo regular, lo que hacemos es tener vidas más pequeñas e insensibilizarnos. No nos miramos en el espejo con mucha frecuencia, porque no queremos recordarlo.  Y no participamos en actividades que antes nos gustaban.  Ya no jugamos ni tratamos de aprender cosas, y ni siquiera bailamos.  Simplemente, es demasiado duro y por eso lo abandonamos. Todo eso puede cambiar si tenemos la oportunidad de desahogar sobre las angustias crónicas. 

Es más difícil co-escucharse sobre patrones crónicos. En la clase de ayer por la mañana, A- pudo mostrar que se siente fea todo el tiempo.  El sentimiento era crónico.  Ella había abandonado la posibilidad de librarse de esa angustia y ustedes pudieron ver qué difícil fue para ella tratar de desahogar esos sentimientos. Todo esto puede cambiar, pero requiere de un/a co-escucha quien la ayude, empujándola a ello. 

También pueden cambiar todas las maneras en que te sientes mal de continuo, pero es una lucha. Y ayuda tener una co-escucha dispuesta a luchar duramente contigo contra la angustia.  Tus co-escuchas tienen una ventaja: no tienen tus angustias.  Fíjense a A-.  Sabes que es un patrón que ella se sienta fea.  Está claro desde fuera.  Podemos luchar contra el patrón de manera más fácil que ella, y ése es nuestro papel como co-escuchas. 

Tenemos que ser co-escuchas bien hábiles para luchar contra los patrones crónicos. Nuestros-as participantes nos tienen que importar de verdad.  Tenemos que permitir que ellos y ellas tengan luchas difíciles sin enfadarnos por esas luchas.  Tenemos que dejar que nos digan que son feos/as y tenemos que discutir con ellos y ellas.  Mientras yo pude discutir con A-, ella pudo reírse, pero fue importante que yo no me enfadara durante la discusión. 

Los patrones crónicos pueden cambiar.  Podemos aprender a luchar en contra de la manera en que nos hacen sentir.  Es una gran ayuda tener una buena co-escucha, pero también podemos luchar solos y solas parte de la batalla. Podemos decidir no creer los patrones.  

Present Time No. 137, page 29


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