Liberando a niñas y niños de actitudes opresivas

Me gustaría compartir un par de experiencias de cuando enseñaba en preescolar. Tenía a un niño de cuatro años, J— y a su mejor amiga, L—, una niña a la que él conocía desde que eran bebés. Era su segundo año, así que ya les conocía bien.

J— llegó una mañana a la clase de preescolar y me anunció con voz severa: “No me gustan las chicas”. Le miré y le dije con tranquilidad “Ya, la gente dice esas cosas, ¿no? Pero a veces está un poco confundida. (pausa) Te llega a gustar cualquier persona que quieras que te guste.”

Una mirada de alivio y alegría se dibujó en su cara, y se fue a jugar con L— y las demás personas que estaban con ella. J— y L— siguieron siendo los mejores amigos ese año, y cuando fuí a su graduación de Instituto, todo el grupo seguía teniendo amistad y se cuidaban entre sí.

Una vez le oí decir a Tim Jackins que cuando la gente joven dice cosas opresivas, están buscando alguien que les eche una mano con las cosas confusas que han visto u oído. Creo que, literalmente, están repitiendo lo que han oído con la esperanza de que una persona adulta en la que confían pueda ofrecer una contradicción a su angustia. He descubierto que la gente joven puede fácilmente usar información sobre la realidad benigna si yo puedo encontrar el modo de expresarla de una manera relajada que incluya la creencia en su bondad y en su inteligencia flexible.

Se me viene a la cabeza otro incidente: el alumnado de preescolar era completamente blanco y sin ninguna conexión aparente con las dos comunidades tribales cercanas. Quería que los niños tuvieran algún contacto positivo con ellas, especialmente porque hacía 15 o 20 años había habido un gran enfrentamiento sobre la cuestión de los derechos de pesca de los grupos tribales, y eso todavía afectaba a los padres y madres.

Contacté con el programa de ‘Head Start’1 de la reserva Lummi2 para ver si había algún profesor o profesora que quisiera hacer algo conmigo para que nuestro alumnado estableciera un contacto positivo.

Una profesora experimentada, Ernestine, le dijo a su directora que estaba dispuesta a organizarse conmigo para ello, así que fui a visitarle al ‘Head Start’. Hablamos de lo que podía funcionar y decidimos que yo traería a mi clase para visitar la suya, y que el alumnado podría jugar en la playa, y que más adelante, su clase vendría a visitar la mía.

Llegó el día en que fuimos a Lummi, y un niño de cuatro años D— dijo: “Tengo miedo de la Gente India”. Su cara dibujaba una expresión mezquina. Me paré y le dije básicamente lo mismo que le había dicho a J—: “Ya, la gente dice cosas así cuando se siente de mal humor, pero puedes jugar con quien tú quieras” y lo dejé así.

Ernestine estaba con toda su clase y sus dos ayudantes. Estaba haciendo pompas de jabón para que las intentaran coger y explotar. Había una algarabía general, niñas y niños corriendo, buscando cangrejos debajo de las piedras, etc. Mi clase bajó de los coches, con las madres que vinieron a ayudar ese día, y se unieron a la diversión. D— se colgó de mí mientras andábamos hacia la playa, observando todo lo que sucedía.

Se comenzó a jugar a un juego que una de las ayudantes de la profesora estaba organizando. D— me miró con una especie de mirada anhelante, y yo sólo dije: “Adelante, D—. Puedes jugar.” y se fue corriendo. Estuvo el resto del día sonriendo, y estuvo servicial y contento cuando la clase de Lummi vino a jugar en nuestro patio en la primavera.

“Freeing Children fromOppressive Attitudes,”
Present Time No. 162, enero de 2011, p. 79 por Shelley Macy
Bellingham, Washington, EEUU
Traducido por Silvia Abascal Diaz
Cantabria, España

 


Last modified: 2017-05-06 23:35:41-07