Jugar y el juego

Tim Jackins, en el Taller para Hombres Europeos celebrado en los Países Bajos, Mayo del 2006

Vamos a tener mucho tiempo para jugar esta tarde. No os preocupéis del resto de programa. Necesitáis tiempo para jugar. La mayoría de nosotros no tenemos tiempo para jugar. No lo hemos hecho desde que fuimos niños y hemos esperado durante décadas una oportunidad para hacerlo. Esto se debe a que cuando jugábamos lo hacíamos con otras personas y contactábamos con ellas.

Algunos nunca tuvisteis oportunidad de jugar y otros terminasteis temiendo hacerlo porque intentasteis jugar con personas que actuaban sus angustias contra ti. Cuando empieza el juego, te vas al fondo de la habitación y miras, no te incorporas rápidamente. No puedes afirmar que ahora es diferente de cómo fue en el pasado. Aquí hay una habitación llena de hombres grandes. ¡Grandes! Quizá, en realidad, tú seas más grande, sin embargo, no te sientes más grande. Una vez que ese material1 se reestimula, tú tienes cuatro años y tratas de evitar cosas para seguir vivo.

Es diferente en la actualidad. Es mucho menos probable que te mueras aquí. No es una certeza. No quiero tranquilizarte demasiado, pues quiero que sientas los miedos y tengas una sesión sobre ellos. El objetivo de dar seguridad a la gente en una situación de Co-Escucha no es para acallar sus miedos, sino para permitir que no se los crean y, así, puedan actuar contra ellos y desahogarlos. Si te asusta jugar en el medio de la colchoneta, debes acercarte cuando estemos jugando. Tienes que ponerte lo suficientemente cerca como para sentir que es algo insoportable; entonces aguanta ahí y ten una sesión con alguien y después poco a poco da un paso más cerca hasta que alguien te agarre y empuje dentro. Es probable que esa persona sea capaz de ser consciente de ti, una vez que te lleva dentro.

Estamos haciendo aquí ruidos y sonidos horribles, pero no hay ningún muerto, ni siquiera hay sangre todavía. Es necesario que hagas esos sonidos fuertes, pues son parte de lo que te permite trabajar sobre tus miedos. La gente hace esos ruidos y luego ríe mucho. Por una parte, están trabajando sobre sus miedos y, por otra, trabajan sobre lo que les ocurrió después de que se asustaran. A muchos nos han pegado y desde entonces hemos querido golpear a alguien. ¿Tú no? (Nosotros, hombres simpáticos y suaves.) Algunas veces tiraré la pelota un poco demasiado fuerte. ¿Es una casualidad? Ocasiones como esa nos permiten mostrar nuestros daños. Existen aquí suficientes recursos como para que probablemente nadie se confunda y pierda en sus angustias, y si lo hacen, somos suficientes como para saltar sobre ellos.

Necesitamos jugar juntos. La última vez que tuviste una relación buena con alguien probablemente fue allá en la infancia cuando jugabas con otras personas. Salías en busca de tus amigos para jugar con ellos. ¿Actualmente con qué frecuencia sales a buscar a tus amigos? No a menudo. No sabemos cómo hacerlo, pero antes solíamos saberlo –y podemos recordar cómo era y jugar juntos, e imaginarnos cómo hacerlo.

Jugar es también importante pues somos hombres adultos, “serios” y “peligrosos”. Así es como lo sentimos y ésa es la forma en que toda la sociedad nos trata. Debemos ser serios y nos han dañado tanto que podemos ser peligrosos para otras personas. Esto es una parte de la lucha que mantenemos cuando jugamos con gente. Tememos que sus angustias les confundan y actúen violentamente y también nosotros sentimos a veces el deseo de ser violentos.

Así que si tener la oportunidad de hacer ruidos fuertes y dar golpes contra esta colchoneta con toda nuestra fuerza será algo atractivo y útil. Sería posible / Podríamos tener aquí a diez hombres golpeando la colchoneta quienes estarían muy contentos. La gente nos pregunta qué es lo que queremos, sin embargo, nunca les contestamos que esto mismo. Buscamos respuestas serias; no decimos: “Quiero golpear un objeto inanimado durante horas y chillar.” Sin embargo, si tuviéramos la ocasión de hacer eso una vez por semana durante una hora, ¡guau, qué buena sería la semana! Cuando hacemos esto podemos darnos cuenta de muchas cosas que hemos estado conteniendo, poniéndolas freno y escondiendo. Aquí no tenemos necesidad de hacer eso.

TODO EL MUNDO ES DIFERENTE

No tienes que aparentar que eres diferente de lo que eres. Eres único y diferente/raro. Todos lo sois. Todos tendríamos que ser únicos y diferentes. Tú lo eres comparado con lo que se “supone” que debes ser. Sé que has tenido que procurar parecer normal y adaptado a las normas, sin embargo, todos somos diferentes de los demás. Todo el mundo ve cada cosa de maneras un tanto distintas a como las ve el resto. No es un fallo, sino que es la manera que tienes que ser para ser tú mismo.

Sois hombres buenos, firmes, inteligentes, atractivos e interesantes. No tenéis que ser igual que nadie. Surgirán momentos en los que necesites aparentar que eres una persona que se ajusta a las reglas con el fin de evitar ciertas reestimulaciones. Sin embargo, no tienes porqué creerte que deberías ser diferente de cómo eres. Esto no significa que no tienes un montón de angustias, porque las tienes. Pero sabes cómo desahogarlas y está bien que las tengas. No tienes otra opción más que tenerlas. No pudiste elegir qué angustias querías tener. Las angustias no son tu culpa, pero ahora son tuyas –y nadie más que tú puede hacer algo con ellas. Son tuyas y tú eres quien puede descubrirlas y actuar fuera de ellas. Podemos hacerlo juntos, y es como debe ser. Nos necesitamos para hacer bien este trabajo.

Traducción: Juan Manuel Feito. País Vasco, junio 2007.


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